ESCAPARATE presenta la inmensidad del legado ibense del fotógrafo José Huertas Sáez

El periódico Escaparate presenta este viernes 6 de noviembre Ibi, memoria de una época, un libro excepcional que recupera, a través del objetivo de José Huertas Sáez, la vida, el trabajo, las calles, las fiestas y las gentes de Ibi entre 1950 y 1970. Más de un centenar de fotografías, muchas de ellas inéditas, que nos invitan a redescubrir la historia reciente de nuestro pueblo.

La presentación comenzará a las 20 horas en el Centro Social Carme Garrigós, El libro se pondrá a la venta en quioscos y librerías a partir del 13 de noviembre.

José Huertas Sáez nació en San Miguel de Salinas (Alicante) en 1922 pero vino a Ibi con sus padres durante la primera emigración para construir el ferrocarril Alcoy-Alicante que quedó después en un proyecto malogrado; pero ya teníamos a la familia Huertas-Sáez integrada en Ibi.
Los duros años 40 le pillaron en Ibi e incluso se enroló en la campaña de Rusia con la División Azul con sus amigos de pandilla, y allí hizo sus primeros pinitos fotográficos. Trabajó en Payá Hnos. pero seguía teniendo afición a la fotografía, que en el Ibi de esos años no era un negocio demasiado rumboso ya que no había dinero más que para alimento de boca y lo más imprescindible en cuestión de vestuario familiar y luz eléctrica.
Cuando su maestro Victoriano Moltó dejó la fotografía artística y profesional (bodas, bautizos y comuniones en estudio y en directo) Huertas recogió el testigo, los útiles de faena, la raquítica clientela y las enseñanzas técnicas tanto de toma de imágenes como de laboratorio necesario para la labor profesional como fotógrafo.

En aquel Ibi, la gente no estaba para gastos inútiles y solo se hacían fotografías para eventos muy relevantes como las comuniones, las bodas, los matrimonios y las oficiales para el carnet de conducir o el DNI. Nadie del vulgo común tenía cámara fotográfica ni se iba de viaje de placer, eso era algo propio de ricachones ociosos por lo que Huertas se afanaba en su estudio para ganarse la vida haciendo fotografía social para el personal que quería recordar algún evento y fotografía industrial para las empresas que necesitaban fotografías para sus catálogos. Todo y siempre en blanco y negro, para los clientes más exigentes y pagadores se podían retocar fotografías en color a mano con anilinas pero, la inmensa mayoría, eran fotografías blanquinegras reveladas por Huertas en el propio laboratorio que tenía en casa.
José Huertas, fruto de su época, compraba película en latas y de paso universal (35 mms.) ya que le salía así más barata la película que comprarla en carretes de 36 o 24 unidades.

Cortaba la película y salía de casa a ganarse la vida retratando bodas, comuniones, fiestas de calle, romerías como la de San Pascual, desfiles de Moros y Cristianos o encargos municipales de inauguraciones de calles y obras públicas. Si cumplido el encargo le quedaba película en la máquina, Huertas, hijo de sus tiempos, no la desaprovechaba y fotografiaba lo que le llamaba la atención del pueblo y de sus gentes, que solía ser todo. De esta manera, las fotografías más interesantes solían ser los desechos o huecos entre reportajes pagados. Estos “desechos de tienta” suelen las mejores fotografías ya que son tal cual veía el fotógrafo las realidades mas recónditas y menos comerciales del pueblo. Y así desde los años 50 hasta los años 80 del siglo pasado.

Su obra se está desvelando gracias al celo de su hijo Augusto que positiva y filtra el inmenso legado fotográfico de su padre, el inmenso legado de lo nunca cobrado por el fotógrafo, del inmenso “desecho de tienta” en proceso de desvelado, desvelado ya o que, quizás, nunca sea desvelado y que, tal vez y por desgracia, se pierda como lágrimas en la lluvia del olvido.
Se hará lo que se pueda y deba por traer a la luz todo el Ibi que pudo fotografiar Huertas a lo largo de su vida profesional, que es mucho Ibi.

Carrito de compra
Scroll al inicio