El cambio climático va a la suya

Cuando era chaval, hace ya tanto tiempo, recuerdo que surgieron los movimientos ecologistas y al ver el tipo de reivindicaciones y cuestiones que abordaban, pensé que pronto iba a cuajar algún partido político que se iba a convertir en protagonista del debate en la opinión pública. Después de todo, peligros como el ‘efecto invernadero’, el agujero de la capa de ozono, la merma de agua potable por vertidos industriales o la extinción de especies de la fauna salvaje me parecían —y me siguen pareciendo— temas infinitamente más trascendentales que la mayoría de los que tratan las formaciones políticas actuales. Más que nada, porque se trata de procesos a más largo plazo, para las próximas décadas.

Incluso hablamos de que está en juego la supervivencia de todos, del planeta en su conjunto, no hablamos de preocupaciones para los españoles o los canadienses, australianos o japoneses. Estamos todos en el “bombo”, por decirlo de alguna manera.

Según la terminología de los analistas, un asunto transversal, o sea, que debería impregnar a todas las ideologías y siglas, tener su apartado en los programas electorales de cualquier candidatura a las urnas. Y sin embargo, en los considerados “progresistas” o de izquierdas, se les reconoce sin tampoco incluir muchas medidas de calado ni urgentes, la cosa se queda en un canto al sol, aparte de cerrar al tráfico los centros de las ciudades y algunas restricciones a la polución. Siempre sin molestar demasiado a los grandes contaminantes, donde suele haber negocio.

En el otro espectro político, la cosa ya se desmadra. Tenemos incluso a los indocumentados de Vox despotricando abiertamente contra cualquier esfuerzo por el medio ambiente, porque eso huele a ‘woke’. Como ha resumido con humor y genialidad Berto Romero, el cómico, en su programa radiofónico Nadie sabe nada junto a Andreu Buenafuente, al cambio climático le da igual que creas o no creas en él, porque te va a “achicharrar” los genitales igualmente cada verano (de momento, luego tal vez en primavera también).

El deterioro de nuestro mundo por ensuciarlo como hacemos ahora se presenta como irreversible, imparable, da igual que un montón de memos se enquisten en su cerrilismo de decir disparates y protestar contra la Agenda 2030 de la ONU, las consecuencias las vamos a pagar igual. No vamos a ver salir el sol por el Oeste y, en cambio, sí se nos van a inundar muchas casas por danas o nos vamos a cocer con 60 noches tropicales de más de 30 grados de temperatura en verano, aunque Abascal siga cacareando que se lo han inventado los rojos bolivarianos. Son científicos y ecologistas quienes lo están advirtiendo, a ver si nos vamos enterando.

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