Salvapatrias de la izquierda

Así parece que ella quiere que sea: ni Rufián ni ningún otro, solo ella. La exministra de Igualdad y de Podemos, Irene Montero, con sus espectaculares ideas de Súper Woman, se ofrece para que el resto de españolitos podamos «salir del bucle» y reclama una «candidatura que represente a toda la izquierda». Y, cómo no, aparece ante los medios endureciendo su discurso contra el Gobierno de Sánchez, descartando apoyar la reforma de la ley del suelo: «Si quieren colarnos una ley del suelo que facilita la especulación, que le pidan el apoyo al PP»; «no la vamos a votar ni por asomo».

Genio y figura. Por eso pretende concurrir a las próximas elecciones generales encabezando una candidatura de izquierdas, eso sí, elegida mediante primarias abiertas. La exministra quiere llegar a nosotros y a todos aquellos que consideren que «el sistema no funciona».

Su fórmula política se resume en «la paz, casas para vivir y menos trabajo para vivir más». Además, nos ofrece reducir la jornada laboral a 30 horas semanales y elevar el salario mínimo hasta los 1.800 euros, a la par que reclama una contundente intervención sobre el mercado inmobiliario.

Como vemos, Súper Woman se ofrece a liderar la izquierda española utilizando ese feo gesto ya conocido de «quítate tú para que me quede yo». Mal comienza su pretensión cuando pretende finiquitar esa parte insignificante de la izquierda que es y representa el PSOE, como si esas ilustres y significativas siglas políticas no tuviesen el poderío y la solera que les otorgan sus más de ciento cincuenta años de existencia.

No, gracias, señora Montero. Su fórmula de salvapatrias de la izquierda ya la conocemos. Podemos, desde su aparición en la vida política española, salvo algunas cosas buenas, no nos ha ofrecido nada más que esa prepotencia anunciada al creerse lo mejor y más granado de la izquierda.

Cuando se es mejor que el resto, uno no lo va proclamando a los cuatro vientos. El resto de ciudadanos, inferiores, nos damos cuenta de su superioridad y claudicamos frente a su inmodesta pretensión de liderar a toda la izquierda frente al avance del mundo conservador y ultra.

Otro gallo nos hubiese cantado, mejor y más bonito, si su grupo político hubiese sido ese socio leal de nuestro Gobierno progresista. Más le vale hablar y pactar con el resto de partidos de izquierda hasta llegar a acuerdos y asumir el compromiso de que lo que usted representa es un socio fiable durante la legislatura.

Por cierto, nunca he entendido bien eso de las primarias abiertas. Para eso, la ciudadanía ya tenemos la oportunidad de mostrar nuestro voto en las urnas.

Basta de salvapatrias de la izquierda que, como usted, pretenden redimirnos de nuestros propios pecados. No puede ser que el partido más pequeño de la izquierda pretenda darnos lecciones de izquierdismo al resto.

Gracias, señora Montero, pero no. Pese a usted, volveremos a ganar las próximas elecciones y frenaremos la involución a la que PP y Vox pretenden llevarnos.

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