El ideario nazi tenía una de sus premisas fundamentales en la superioridad de la raza aria. ¿Les suena de algo? El mismo Vox que asegura con convicción (se lo creen y todo) que moros magrebíes, indios sudamericanos, etcétera tienen por naturaleza una mayor propensión a la delincuencia, ¿no están sosteniendo la misma tesis? Los blancos estamos por encima, nuestros genes nos convierten en más honrados y legales. Las estadísticas policiales que desmontan esa patraña no importan. Partiendo, pues, de que las dos derechas políticas (la “cobarde” y la auténtica) defienden una prioridad nazional, ¿deberíamos estar preocupados el resto de mortales, los no racistas? No creo.
Puede que vender esa memez de que las administraciones van a discriminar y poner a la cola a los extranjeros de origen a la hora de conceder ayudas les reporte algunos votos. En la práctica real y día a día, la medida no se puede aplicar. Basta con que cualquier ciudadano presente un contencioso, porque la Constitución ampara que todos somos iguales ante la ley, para que se derrumbe una aberración tan grande en democracia.
Y con las listas de espera que hay para todos los servicios públicos (Sanidad, Justicia…), ¿quién va a fiscalizar si, efectivamente, pasan primero los nazionales? Sin embargo, a pesar de tratarse de un mero brindis (cara) al sol, ya resulta triste que cuaje entre un porcentaje creciente de la población. Cuando el representante de Vox Joan Garriga ha llegado a inventarse un filtro de la nacionalidad al afirmar que español únicamente es aquel hijo de padre y madre españoles (ambos), ¿qué política piensan aplicar en su partido si llegan a gobernar en coalición con el PP? ¿Igual que deberían esperar más los descendientes de inmigrantes -aunque hayan nacido aquí-, también pagarían sus impuestos más tarde? Ridículo. Varios dirigentes empresariales han expresado su acuerdo con la regularización de trabajadores venidos de fuera por falta de mano de obra. Es más, algunas patronales llevan años pidiendo a sus Comunidades Autónomas convenios para traer a rumanos que trabajen en la construcción, por ejemplo. Sin contar con que si sale usted a cualquier bar al azar, le va a servir su consumición un hispanoamericano con toda probabilidad, y en su plato habrá una hortaliza que habrá recogido un africano en invernaderos de Murcia o Almería, también casi seguro. Hasta la Conferencia Episcopal -poco sospechosa de bolivariana- ha salido a alzar la voz en contra y a defender la regularización de personas, en coherencia con el credo y los principios cristianos.
Legalismos aparte, la prioridad nazional ya impregna la vida cotidiana desde hace tiempo fuera del ámbito de las posibles subvenciones o ayudas públicas. En mi barrio, sin ir más lejos, al vecino negro lo han parado en los controles rutinarios de tráfico más que al resto, con diferencia. Hasta ha tenido que decirles a los policías si querían ver la escritura de su casa para convencerse de que vivía allí hace treinta años y no era ningún ‘okupa’. Quién no ha viajado en un autocar y sólo le pedían la documentación a los que tenían el pelo rizado después de preguntarle al chófer “¿llevas ‘morenos’?” Cómo no recordar algún titular periodístico del estilo de “Detenidos dos hombre y un magrebí por…”
¿Aspira el electorado de PP-Vox a una pureza étnica? La Península Ibérica ha evolucionado a lo largo de siglos en un continuo mestizaje, a diferencia de otras regiones del planeta más aisladas, inhóspitas, donde físicamente todos se parecen mucho más, ya sean de piel, ojos y cabellos muy claros, como los nórdicos, o todo lo contrario, como los orígenes de la especie humana en África. Así fue por tener menos contacto con otros, mientras en nuestra tierra se sucedieron las batallas y la mezcla de genes de los diferentes pobladores. ¿Quiénes son ahora los “auténticos”? ¿Hay que depurarnos, encontrar las esencias buenas y “drenar” a la población?



