Opinión

¿Hasta cuándo?

Viendo en TV cómo se comportan los agentes del ICE: deteniendo niños, disparando y asesinando sin filtro alguno, me viene a la memoria un cómic que leí en los años 90; se trataba de un futuro distópico donde un gobierno totalitario reprimía a la población con un cuerpo de policía tremendamente violento. Uno de esos policías era especialmente salvaje y brutal, mucho más que ninguno de sus compañeros, que ya lo eran. Golpeaba y mataba a los más desprotegidos por norma –niños, mujeres, ancianos–, todo ello de cara a la población, viendo cómo crecía el odio en sus ojos. Parecía regodearse con el sufrimiento de aquellas pobres gentes bajo su casco integral. Así acababa cada jornada, cada día más salvaje, para terminar en algún bar bebiendo solo, porque incluso sus propios compañeros le evitaban. Mientras leías la historia, tú también acababas odiando a ese tipo. Al final, tras asesinar a patadas a una mujer embarazada rodeado de gente que cierra el puño y aprieta los dientes, el hombre acaba sentado junto a su taquilla en comisaría, con el casco en la mano, llorando amargamente y preguntándose cuántas barbaridades más tendría que cometer hasta sembrar suficiente odio para que el pueblo se levantara contra aquel gobierno totalitario y pusiera fin a aquella locura.

Ese recuerdo vuelve con fuerza cuando uno observa las imágenes que llegan desde Estados Unidos. No hablamos ya de la aplicación estricta de una ley injusta, sino de algo más inquietante: una exhibición deliberada de crueldad. Redadas convertidas en espectáculos, familias separadas con una frialdad casi teatral, agentes que actúan con una violencia desproporcionada y una impunidad insultante. Como si no bastara con detener, deportar o expulsar; como si fuera necesario humillar, asustar y marcar territorio.

Donald Trump ha convertido la política migratoria en una performance de brutalidad. El mensaje es claro: aquí mandamos nosotros, y no hay espacio para la compasión. El ICE, en este contexto, deja de ser una agencia administrativa para transformarse en un símbolo. Un símbolo del desprecio por las normas mínimas de convivencia, por el derecho internacional, por la simple idea de humanidad compartida. Y algunos de sus agentes parecen entender perfectamente su papel en esta obra siniestra.

Uno no puede evitar preguntarse si parte de esa violencia no está diseñada precisamente para provocar una reacción. Para tensar la cuerda hasta el límite. La historia demuestra que los regímenes autoritarios no caen solo por su injusticia, sino cuando esa injusticia se vuelve visible, cotidiana, insoportable para una mayoría. Cuando el abuso deja de afectar solo a “los otros” y se convierte en una amenaza al tejido moral de toda la sociedad.

La pregunta, entonces, no es si el pueblo estadounidense reaccionará, sino cuánto tardará en hacerlo. Cuántas imágenes más harán falta. Cuántos niños esposados, cuántas madres arrancadas de sus casas, cuántos cuerpos rotos en nombre de una bandera mal entendida. Y, sobre todo, de qué manera se producirá esa reacción: si desde el odio y la violencia –justo lo que el autoritarismo desea– o desde una movilización cívica, masiva y consciente que diga basta.

Porque cuando el poder se comporta como un matón, la pasividad deja de ser neutral. Y la historia, una y otra vez, nos recuerda que ninguna tiranía sobrevive eternamente al peso de su propia barbarie.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Normas de uso

  • Esta es la opinión de los internautas, no de escaparatedigital.com.
  • No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • El e-mail debe ser correcto ya que el comentario será validado a través de dicho correo electrónico, aunque este campo será ocultado en los comentarios.
  • Los comentarios vertidos en esta web son responsabilidad de sus respectivos remitentes, no de Escaparate Digital La IP y el mail de los remitentes serán guardados y podrán ser facilitados a las autoridades competentes en caso de que éstas los requieran.
  • Los comentarios que no se refieran a la noticia o artículo al que corresponden serán eliminados o no autorizados.

Los datos personales recogidos formarán parte de un fichero automatizado debidamente inscrito en la Agencia de Protección de Datos, propiedad de AREA OBERTA, S.L, con CIF B-03989845 y con domicilio en Avda. Juan Carlos I, de Ibi, cuya única finalidad es gestionar el servicio. Como responsable del fichero, ESCAPARATE garantiza el cumplimiento de la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal. El usuario podrá ejercitar sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición dirigiéndose a info@escaparatedigital.com. Àrea Oberta se reserva el derecho a publicar estos comentarios en la edición impresa de Escaparate o en cualquier otro soporte.