Tras décadas en las que la prioridad presupuestaria ha girado al fortalecimiento del Estado del bienestar, la seguridad vuelve a ocupar el centro de la agenda política y económica del continente. Europa vive un cambio de modelo histórico. En ese escenario, España ha dado un salto sin precedentes: ha incrementado un 50% su gasto en Defensa en 2025 y entra, por primera vez, entre los quince Estados del mundo que más invierten en gasto militar. Según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), España destinó 40.200 millones de dólares –unos 34.100 millones de euros– al ámbito militar, situándose en el puesto número 15 del ranking mundial. El aumento es, el mayor registrado entre las principales potencias militares.
Este incremento responde a las tensiones geopolíticas internacionales y a la presión de la OTAN y la propia UE para reforzar la autonomía estratégica del continente. La guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio y la incertidumbre sobre el papel futuro de EEUU en la seguridad europea han acelerado una transformación que parecía impensable años atrás. EEUU, con Trump, ya no es un socio fiable en nada, menos aún en defensa. España ha elevado bastante su presupuesto militar; el gasto en Defensa representa el 2,1% del PIB, lejos del objetivo del 5% reclamado por Trump en la cumbre de la OTAN en La Haya.
Trump ha colocado a Sánchez en una posición incómoda dentro de la OTAN. España ha sido uno de los socios que menos recursos destinaban a Defensa y el Ejecutivo español tiene reservas sobre un incremento mayor del gasto militar por el impacto que podría tener sobre las políticas sociales. Aumentar el gasto en seguridad implica encontrar nuevas vías de financiación o redistribuir recursos ya existentes. ¿Puede Europa rearmarse sin debilitar su modelo social? Alemania anunció un incremento del 28% en el gasto militar hasta 2027 acompañado de una reducción del gasto social, para compensar parte del esfuerzo presupuestario en Defensa. Con 114.000 millones de dólares destinados a Defensa en 2025, Alemania se sitúa ya entre los cinco países del mundo que más gastan en seguridad. El mensaje político es claro: la seguridad vuelve a ser prioritaria incluso a costa de reducir determinadas coberturas sociales.
Europa acelera su rearme. El gasto comunitario en Defensa aumentó un 14% en 2025, superando los 381.000 millones de euros. Von der Leyen quiere reducir la dependencia militar de Estados Unidos y fortalecer la capacidad industrial europea en seguridad. Otros países buscan su estabilidad. Se dibuja un nuevo orden europeo al margen de EEUU. El contexto internacional obliga a revisar ese modelo, aunque sin erosionar los pilares sociales que definieron a Europa durante generaciones. España está en una posición muy sensible. Este aumento militar coincide con una polarización política y con un escenario de debilidad parlamentaria del Gobierno, lo que dificulta grandes acuerdos económicos. Y ese es el dilema: sacrificar parte del bienestar o garantizar la seguridad europea.





