“No hay razón para alarmarse”: Deborah García defiende los suelos de caucho de los parques

La petición de Ecologistas en Acción de retirar los suelos de caucho reciclado de los parques infantiles ha reabierto el debate sobre la seguridad de estos pavimentos. Sin embargo, la química y especialista en ciencia de materiales Deborah García Bello cuestiona las conclusiones del informe difundido por la organización ecologista y considera que no están respaldadas por la evidencia científica disponible. A su juicio, el documento interpreta de forma incorrecta algunos resultados y puede generar una alarma injustificada entre las familias y las administraciones públicas.

García Bello insiste en que es necesario distinguir entre el estudio científico realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), publicado en 2023, y el informe elaborado recientemente por Ecologistas en Acción. “No es un nuevo estudio”, subraya, sino un documento de cuatro páginas que solicita la retirada de estos pavimentos a partir de argumentos que, según explica, no reflejan adecuadamente los resultados de la investigación científica.

El estudio del CSIC analizó muestras reales de suelos instalados en parques infantiles para determinar la presencia y concentración de distintas sustancias potencialmente peligrosas, entre ellas determinados compuestos orgánicos y metales.
Según García Bello, los resultados indicaron que las muestras examinadas cumplían los límites establecidos por la normativa vigente. La investigadora también recuerda que los autores del trabajo recomendaron mantener la vigilancia y realizar nuevos análisis para comprobar que estos materiales continúan siendo seguros.
La especialista pone el acento en la diferencia entre peligro y riesgo. La presencia de una sustancia potencialmente peligrosa no implica necesariamente que exista un riesgo para la salud, ya que este depende de factores como su concentración y su disponibilidad para entrar en contacto con el organismo. Por ello, considera fundamental interpretar los resultados atendiendo a criterios científicos y no únicamente a la presencia de determinados elementos químicos.

En este sentido, García Bello cuestiona varios datos y afirmaciones recogidos en el informe de Ecologistas en Acción. Entre otros ejemplos, señala que algunas de las concentraciones atribuidas a determinados metales no coinciden, según su análisis, con las recogidas en el estudio del CSIC. También critica que se utilicen límites establecidos para evaluar la migración de sustancias desde los juguetes sin demostrar que esas mismas condiciones se produzcan en los pavimentos de los parques.

Otro de los aspectos que considera necesario aclarar es la normativa europea relativa al granulado de caucho reciclado. García Bello explica que las restricciones previstas para este material en los campos de césped artificial no implican una prohibición general de los suelos de caucho de los parques infantiles. La diferencia radica en que, mientras el granulado utilizado como relleno en el césped artificial puede dispersarse y acabar en el medio ambiente, en los pavimentos infantiles el caucho reciclado permanece aglomerado mediante resinas.
“Dicen que se prohíbe el uso de granulado de caucho reciclado en campos de césped artificial y parques infantiles desde el 17 de octubre de 2031. Esto es falso, porque no hay una norma que prohíba el uso de estos suelos de caucho. Sí que hay una norma que prohíbe el uso de ese granulado reciclado de neumáticos de caucho en césped artificial, que se usa a veces como relleno, y sí que nos está dando problemas porque se dispersa”, aclara la química.

Un material con ventajas de accesibilidad y seguridad
Más allá del debate sobre su composición, la especialista recuerda que la instalación de estos suelos respondió a varias necesidades. Una de ellas fue mejorar la accesibilidad de los parques infantiles, al permitir que los menores con movilidad reducida, incluidos quienes utilizan sillas de ruedas, pudieran desplazarse por superficies más adecuadas que la grava o la corteza de madera.

A esta ventaja se suma su capacidad para amortiguar las caídas. Según explica García Bello, los estudios comparativos apuntan a una mayor incidencia de lesiones en superficies de grava o materiales similares y, especialmente, en pavimentos duros como el hormigón. Por ello, defiende que los suelos de caucho ofrecen una solución que combina accesibilidad y protección durante el juego.
Además, destaca su contribución a la economía circular, ya que permiten aprovechar el caucho procedente de neumáticos usados, un material difícil de reciclar debido a su composición y al proceso de vulcanización. Mediante su trituración y aglomeración, este residuo se transforma en una superficie funcional que, posteriormente, se recubre con caucho sintético de distintos colores.

Un llamamiento a la calma
Ante la preocupación que el informe pueda suscitar entre las familias, García Bello apuesta por la prudencia y por mantener los controles científicos sobre estos materiales. “Yo los sigo llevando al parque y cuando tiene suelo de caucho estoy mucho más tranquila de que no se me van a romper los dientes cuando se caigan”, afirma.
La química considera que la solución no pasa por retirar de manera generalizada los pavimentos instalados, sino por garantizar que cumplen la normativa y continuar evaluando su composición. Reconoce que no existe el riesgo cero, pero insiste en que la seguridad debe valorarse comparando los posibles inconvenientes y ventajas de cada alternativa.
En su opinión, sustituir estos suelos sin una justificación científica suficiente supondría un gasto económico y una nueva generación de residuos, sin que esté demostrado que las alternativas disponibles ofrezcan mejores condiciones de seguridad. Por ello, su mensaje a ayuntamientos y familias es claro: mantener la calma, consultar fuentes especializadas y tomar decisiones fundamentadas en datos científicos, sin minimizar los riesgos reales ni generar una alarma que, a su juicio, no está justificada por la evidencia disponible.

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