Torrente como parábola de lo que viene
La principal y casi única pretensión de Santiago Segura con su personaje Torrente apunta a hacer reír. Que no es poco. Con su última entrega de la saga, yo añadiría que la película se convierte en parábola de lo que viene. En las cinco anteriores, la cosa se percibía claramente como una hipérbole, pura ficción y entretenimiento porque nunca nos entraba en la cabeza que en España se pudiera vivir en un universo tan rancio, trasnochado, egoísta, xenófobo y racista, y por supuesto machista. En fin, lo peor de lo peor.
En cambio, ahora incluso el propio ‘alma mater’, director, guionista y actor protagonista ya insinúa algo antes de empezar el largometraje: Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia, sino una putada (con perdón). Por ahí van los tiros, en 2026, quién se lo iba a imaginar medio siglo después de alcanzar la democracia. Si se cumplen los pronósticos de los sondeos electorales, nos va a gobernar pronto algo así como una ‘lógica torrentiana’ en muchos ámbitos, porque la llave del poder la van a tener en el partido equivalente al Nox que se ha inventado Santiago Segura. Ni siquiera ha disimulado con sutilezas, ha copiado hasta las siglas con el mínimo detalle de cambiar una letra por aquello del copyright, supongo.
La sala en la que vi ‘Torrente presidente’ estaba llena a rebosar, como tantas otras en los cines de todo el país y -por pura estadística- debían predominar los espectadores de ideología conservadora, es de suponer. Y me pareció detectar algunos indicios de lo que viene: oí más carcajadas en un minuto que se vio al personaje de Echenique pasar con su silla de ruedas que en una hora y pico de esperpento del protagonista babeando ante las mujeres como un troglodita en celo, comentarios racistas tipo “¿eso es un negro?” o no hay ni un moro bueno. Se diría que buena parte del público comparte esa visión cavernícola de nuestra convivencia. De hecho, quién no conoce a más de un ‘Torrente’ en nuestro entorno cercano.
Incluso puede que la realidad supere a esta criatura cinematográfica, tal como ocurre en la trama, porque llega un momento en que este machista redomado modera y hace recapacitar al partido ultraderechista en un aspecto tan obsesivo para ellos como el movimiento LGTBI. Ver para creer. Y no desvelo más detalles para que la gente vaya a ver la película.
Por cierto, no sé qué tendrán que decir los del discursito mantra de que el cine español vive de las subvenciones, porque tanto esta como las anteriores ediciones del expolicía más marrano de la historia, junto con algunas producciones del propio Segura y otros directores como Amenábar o Álex de la Iglesia, por citar algunos, están entre las más taquilleras de la historia en España. Eso, sin recurrir a la mafiosa política de las distribuidoras yankis de endosar un lote de varias películas de las suyas a la fuerza para poder proyectar una sola. Viva Hollywood y el libre mercado. Es como si cuando entraras al supermercado, para llevarte unos yogures tuvieras que echar a la cesta de tu compra una docena de artículos diferentes que no te interesan, desde lechugas hasta vino o atún en conserva. Demencial. Huy, igual no conviene dar ideas, que en este país algunos tienen patente de corso para todo, como intocables del capitalismo de las gentes de bien.