Otro Papa díscolo, por algo será
Si hay una organización conservadora en el sentido puro del término, es la Iglesia Católica: ninguna otra estructura ha perdurado ya más de 2.000 años (ni siquiera los Països Catalans). Conseguir esa proeza está al alcance de unos pocos solamente, de personas capaces de adaptarse a todas las circunstancias (tiranías medievales, revoluciones supuestamente comunistas, repúblicas laicas…). Hay que leer como pocos la realidad y en eso siguen, como han demostrado los dos últimos Papas.
Tanto Francisco como ahora León XIV han salido algo “díscolos” en comparación con sus antecesores, en el sentido de que se alinean lejos de los idearios más duros, las “tradiciones”, por decirlo suavemente. Se muestran más cercanos a los humildes que a los poderosos —al menos, en apariencia— y menos beligerantes con la homosexualidad, por ejemplo, un asunto espinoso en otros tiempos.
Esos indicios de “rojez” no han gustado a los puristas de la cosa, como era de esperar. Cómo olvidar a esos “creyentes” tan cristianos que en YouTube rogaban al Señor por el Pontífice argentino para que Dios “se lo llevara pronto”, entre risas. Y del argentino, ahora al peruano, que se acaba de atrever durante su visita a nuestra España nada menos que a inclinarse con reverencia y reconocimiento a los migrantes… “Los curas ya no son lo que eran”, debe estar pensando más de uno entre las gentes de bien.
Y, sin embargo, tiene su lógica por dos razones principales. Por coherencia, ya que la máxima de “amar al prójimo” cobra más sentido que nunca en nuestro mundo globalizado actual, con una masa de desahuciados por multinacionales huyendo del Sur de la miseria hacia el Norte próspero. También, aunque eso nunca lo reconocerían, porque entre los extranjeros hay una cantera fabulosa de futuros feligreses, como para llegar con tranquilidad a otros 2.000 años más.
Conste que me parece legítimo hacer proselitismo, siempre que se respeten todos los derechos humanos. No hay incompatibilidad, ni mucho menos. Me apunto a la opinión del grande José Sacristán, que ha elogiado como “formidable” el discurso del Papa en España.
Si acaso, una pega en el “expediente” del Pontífice, tal como ha recordado el también notable actor Alberto San Juan: podría haber hecho Su Santidad un hueco en su agenda del periplo ibérico para saludar a algunas víctimas de pederastia en casos de eclesiásticos. Se lo pidieron, pero no tenía “tiempo”. Resulta más gratificante el espectáculo sonoro y luminoso en la Sagrada Familia de Barcelona, memorable, pero hay que cumplir también con tareas menos gratas.