Durante los años en los que tuve la responsabilidad de dirigir la Concejalía de Cultura hubo una prioridad que siempre tuve muy clara: la Biblioteca Municipal debía seguir siendo un servicio accesible para la ciudadanía. Con mayor o menor dificultad, con más o menos recursos, nunca se cerró por completo. Era una cuestión de voluntad, de planificación y de entender que la cultura es un servicio público esencial.
Sin embargo, este verano estamos viviendo una realidad muy distinta. Este año, ya sin Som Ibi al frente del área de Cultura, durante el mes de julio la biblioteca únicamente ha abierto en horario de mañana. Y, además, en agosto permanecerá cerrada las dos primeras semanas, situación extraordinaria dado que nunca ha pasado éste cierre completo.
Esta decisión perjudica a muchas personas. En primer lugar, a los estudiantes que preparan los exámenes de septiembre y que necesitan un espacio adecuado para estudiar. La biblioteca no sólo ofrece libros; ofrece silencio, concentración e igualdad de oportunidades para quienes no disponen de un lugar apropiado en sus casas.
Pero también perjudica al conjunto de vecinos y vecinas que utilizan este servicio para acceder a la cultura, consultar publicaciones, leer o participar de un espacio público que pertenece a todos. Limitar su apertura supone limitar también ese derecho de acceso a la cultura que las administraciones tenemos la obligación de garantizar.
Hay otro aspecto que no puede pasarse por alto. En un contexto de continuas olas de calor, la biblioteca es uno de los pocos refugios climáticos con los que cuenta Ibi. Muchas personas encuentran en ella un espacio seguro, climatizado y accesible donde poder resguardarse de las altas temperaturas. Cerrar sus puertas o reducir drásticamente su horario también tiene consecuencias desde el punto de vista social y del bienestar de la población.
Lo que más me sorprende es que, cuando Som Ibi accedió al gobierno, nos encontramos un área con una falta de personal alarmante, fruto de años de dejadez por parte del Partido Popular. Las condiciones para organizar los servicios eran mucho más complicadas que las actuales y, aun así, nunca dejamos a la ciudadanía sin biblioteca. Trabajamos con menos recursos, pero con más planificación.
Por eso considero que lo que ha ocurrido este verano responde a una falta de previsión y de organización. Dejamos un área en mejores condiciones de las que encontramos y, sin embargo, el resultado es un peor servicio para la ciudadanía.
En el último pleno, la concejala de Cultura afirmó que los trabajadores tienen derecho a descansar y a disfrutar de sus vacaciones. Por supuesto que lo tienen. Nadie cuestiona un derecho laboral tan básico. Precisamente por eso, la responsabilidad de un gobierno es planificar con suficiente antelación, reforzar las plantillas y organizar los recursos para que el servicio público no se resienta.
Lo que no puede hacerse es utilizar ese argumento para justificar una deficiente planificación. Y resulta llamativo que ahora el PSOE se muestre tan preocupado por el descanso de los trabajadores cuando, en otras ocasiones, hemos visto cómo para sacar adelante determinados asuntos a última hora han mantenido actitudes muy distintas. Que no digo en todos los casos claro, dado que para ellos no todos los trabajadores son iguales, depende el “poder” que ejerza dentro de este ayuntamiento.
Volviendo al asunto y finalizando este escrito, decir que como concejal de Ibi seguiré defendiendo siempre una cultura accesible, unos espacios públicos abiertos para la formación y el estudio, y unos refugios climáticos que cada verano son más necesarios. Porque gobernar también consiste en anticiparse a los problemas y poner a las personas en el centro de las decisiones.
Y sí, otra manera de gobernar es posible. En el área de Cultura ya demostramos que lo era.




