¿Ingeniería electoral? Puigdemont como ‘Ninot indultat’
Otra vez con la cantinela del ‘pucherazo’ en las urnas. El amigo del traficante con yate, Alberto Núñez Feijóo, vuelve a intoxicar con la teoría de argucias del PSOE para ganar votos irregularmente, a través de las papeletas enviadas por correo (parece mentira que él fuera director de Correos en su momento y se le haya olvidado su funcionamiento) o también con los nietos de exiliados por la dictadura franquista, la de su ‘padre político’ Manuel Fraga Iribarne.
Aparte de que ya le han sacado de hemeroteca sus mítines reivindicando esas normas y buscando —legítimamente— votos en Argentina, resulta vergonzoso que quiera negarle el derecho a ser españoles a los descendientes de aquellos represaliados a quienes les robaron su patria y su democracia republicanas. ¿Tanto miedo tiene de que no elijan al PP? Si está tan seguro de que estamos en un pozo de corrupción y una tiranía, ¿quién va a decantarse por Pedro Sánchez y sus secuaces? Desde que los ‘ppulares’ y sus socios del aguilucho Vox están pegando la brasa con su teoría del tongo electoral, han ganado en todas las autonómicas que se han disputado. ¿Cómo se pueden hacer trampas para luego perder? Parece más bien una estrategia de Feijóo para movilizar a todo emigrado o nacido en el exilio y que no se abstenga, con el fantasma de una conspiración inventada. Un poco como hacía en su día Alfonso Guerra (qué personaje) con aquello del dóberman y Francisco Álvarez-Cascos. Infumable.
La “ingeniería electoral” de la que se queja Feijóo, sin llegar ni de lejos a ingeniero él, más bien ‘lecinciao’, como dicen en Tomelloso, y ‘lisensiado’ en Hispanoamérica, la tiene él mismo entre manos porque necesita sí o sí que la suma de su partido con Vox sea suficiente mayoría parlamentaria para gobernar a partir de 2027. Las encuestas apuntan que sí, pero en sus filas no las deben tener todas consigo. Y, claro, si les faltan unos cuantos diputados, tocaría algo así como echar mano de Carles Puigdemont. Yo voto por otorgarle la medida de gracia del ‘Ninot indultat’, ya saben, como en la fiesta de Fogueres en Alicante. La mamarrachada del referéndum de cartón no pasa de eso, de algo propio de un mamarracho. Que le dejen ya regresar a su paraíso terrenal, la Catalunya imperial y gloriosa de los ‘països’. Sólo que ¿quién va a convencer al de Waterloo para pasarle el brazo por el hombro a Santiago Abascal en plan ‘kolegas’ en el Congreso? Ni siquiera pidiéndole disculpas el PP por llamarle “terrorista” al tuntún va a tragarse ahora el líder de Junts a Vox como compañero de pupitre.
Por cierto, que ahora tiene guasa que quieran expedientar al juez Juan Carlos Peinado por insinuar que los policías nacionales escoltas de la mujer del presidente, Begoña Gómez, podrían ayudarla a ¡escapar! (eso también tiene guasa, muy verosímil). Después de las inventadas que lleva este magistrado —hasta equivocarse de nombres propios o dar por muerto a alguien—, si al final le cae una medida disciplinaria por esa chorrada, olé por la Justicia del disparate. Supongo que no le debía parecer tan descabellado pensar que pudiera repetirse un episodio bochornoso como el de Puigdemont entrando en España de estrangis y volviendo a fugarse, a pesar de estar buscado para juzgarle. No hace falta ser un lumbrera para imaginarse que más de un mosso d’esquadra debió mirar para otro lado silbando cuando el expresidente catalán se escabullía por las calles de Barcelona. Aunque, claro, uniformados agentes entusiastas con el nacionalismo independentista seguro que hay más que policías nacionales socialistas o del PSOE. Hagan cuentas.