Fútbol y toros para ‘gentes de bien’
El tópico de ‘pan y circo’ o -a la española- fútbol y toros de otras épocas para el olvido vuelve a estar de plena actualidad. El llamado con razón ‘deporte rey’ por la cantidad de seguidores que tiene y por el volumen económico que mueve (sin discusión) también alberga en su seno una minoría miserable y mezquina. Poco amigo soy de generalizaciones y cuando leía u oía frases del tipo que en el fútbol hay mucha violencia, siempre discrepaba. Bastaba con echar un ojo a las imágenes de TV para tener localizada a la grada de los ‘ultras’ de turno, los energúmenos que vociferaban mientras el resto del estadio no le hacía ni caso.
Por desgracia, el otro día con la Selección española, en Cornellà, el bochorno no estaba en un rincón detrás de una de las porterías: la multitud coreaba el impresentable “musulmán el que no bote” como si fuera un cántico deportivo-festivo en pleno jolgorio.
Pocos días después, nuestro todavía Rey ¿emérito? (¿cuáles son esos méritos?) se dio un baño de multitudes entre reconocimientos en una plaza de toros, la Maestranza en este caso, y hasta le dedicaron la faena, algún diestro, como solían hacer con las damas de belleza y encanto.
Al momento, se me formó la asociación de ideas en la cabeza: ¿estos que jalean al monarca de los millones en Suiza también aplaudirán que se haya fugado-exiliado rodeado de musulmanes? ¿Aquellos musulmanes forrados con el petróleo sí son buenos, mientras que los que recogen hortalizas en invernaderos en El Ejido son malos malísimos?
¿En qué quedamos? ¿Islam sí o Islam no? ¿O según, o más bien ricos sí, pobres no? Cada vez cuadran más los cálculos de las encuestas electorales con la realidad sociológica de nuestros compatriotas? “Gentes de bien”, se autodenominaban en nuestra última (y nefasta) dictadura, el franquismo. Y el más “de bien” de todos, el elegido por el caudillo asesino como heredero de su régimen se llamaba Juan Carlos. Aterrizó ahora en La Maestranza no procedente de un vuelo que despegó de Oriente Medio (está la cosa malita ahora, por allí), sino que venía de Ginebra, donde suele ir con certificado médico de vez en cuando para -de paso, solamente- ir a ver cómo están sus cuentas bancarias suizas.
Aunque bien mirado, con los ojos de algunos jovenzuelos de ahora, al ‘emérito’ hay que considerarlo un pionero para los ‘influencers’ nuevos andorranos: él ya se anticipó a eso de no pagar impuestos… mientras los paguen los demás, ya puedo yo volar en avión con torres de control y aeropuertos financiados con los tributos, circular en carreteras idem, ir a la escuela, al médico, etcétera. Viva la sagrada propiedad privada, sobre todo, amasada con el dinero público del bolsillo de los demás.