Fiestas patronales: ¿para todos o solo para algunos?

por Marcelo Castelló, sociólogo

Las fiestas patronales son, sin duda, uno de los momentos más esperados del año en cualquier pueblo. Estas celebraciones nos conectan con nuestras raíces, refuerzan el sentido de comunidad y permiten a las generaciones más jóvenes conocer y perpetuar las tradiciones. Sin embargo, como me han comentado algunas personas aquí en Ibi, estas fiestas se han convertido en un terreno casi de exclusión, en lugar de ser el espacio integrador y participativo que deberían ser.

Un fenómeno cada vez más frecuente en algunos municipios es el control casi absoluto de las fiestas por parte de sus organizadores, respaldado de manera incondicional por el Ayuntamiento. Estas asociaciones, formadas generalmente por voluntarios con gran pasión por la tradición, tienen un papel fundamental en la organización de los eventos principales de la fiesta. No obstante, la falta de visión inclusiva por parte del gobierno local puede llevar a una situación en la que las fiestas parecen estar diseñadas solo para aquellos que participan directamente como actores principales. Los festeros, sin duda, son esenciales, pero ¿qué pasa con el resto de la población que no forma parte activa de estas estructuras? Ibi tiene casi 24.000 habitantes, y un censo festero que no llega a las 3.000 personas.

Este enfoque cerrado a la hora de planificar las fiestas patronales deja a muchas personas, vecinos y vecinas del pueblo, fuera de la ecuación. Las fiestas patronales deberían ser de todos, no solo de aquellos que tienen el tiempo, la motivación o los recursos para involucrarse de manera activa. Hay quienes, por diversas razones, no desean o no pueden formar parte del núcleo festero, pero esto no significa que no quieran disfrutar de estos días. ¿Acaso su derecho a vivir las fiestas con el mismo entusiasmo y alegría es menos válido?

El resultado es que, fuera de los actos principales organizados por los festeros, no hay prácticamente nada más que hacer. Los horarios son rígidos y, si uno no está en el centro de la acción, la oferta cultural y de entretenimiento fuera de esos eventos es inexistente. Esto no solo es una oportunidad perdida para enriquecer las fiestas, sino que también genera un sentimiento de exclusión en buena parte de la población.

La solución pasa, sin duda y como se ha hecho otros años, por una mayor implicación de las autoridades en la creación de actividades paralelas que permitan a toda la población disfrutar de las fiestas a su manera. No se trata de restar importancia al trabajo de los festeros, que es encomiable y vital para mantener viva la tradición, sino de ampliar la oferta y garantizar que todos encuentren su espacio en estos días tan especiales. Los Ayuntamientos deben ser los primeros en impulsar esta visión integradora, pero no pueden hacerlo solos. Es fundamental también fomentar la colaboración con los establecimientos locales y las empresas privadas. El pequeño comercio, los bares y restaurantes, e incluso las asociaciones culturales, pueden jugar un papel clave en la organización de actividades complementarias que dinamicen aún más el ambiente festivo.

Las tradiciones son importantes, como lo es también, y seguramente más, el bienestar colectivo y la cohesión social. Con una planificación más inclusiva y colaborativa, las fiestas patronales pueden volver a ser lo que siempre debieron ser: una celebración para todo el pueblo.

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