El fascismo que nos viene encima
Parece que nos viene el fascismo encima. Y, de alguna manera, no somos conscientes de lo que nos está pasando. La democracia se defiende con memoria. ¿Quién, en su sano juicio, iba a decir que viviríamos una situación como esta? No es nostalgia de quien mira al pasado con melancolía, es temor, auténtico miedo a esa preocupante y voraz involución despiadada de alguien que creyó que la democracia española se había consolidado y ahora parece resquebrajarse. Un diagnóstico coincidente con el de historiadores, docentes y supervivientes de la dictadura: España sigue teniendo una asignatura pendiente con su memoria democrática.
En la cuna del nazismo nadie discute qué fue el nazismo porque forma parte de la educación cívica de cualquier estudiante. No se enseña para alimentar el resentimiento, sino para inmunizar a la sociedad frente a la repetición de los errores. Aquí, en cambio, la Guerra Civil, la dictadura y la Transición siguen siendo objeto de silencios, simplificaciones o batallas partidistas. Conocer ese pasado ayuda a identificar «gestos, colores, frases y momentos» que evocan peligros ya vividos.
La España de hoy no es como la de hace ochenta años. Es una democracia consolidada, integrada en la Unión Europea y con instituciones que, pese a sus imperfecciones, funcionan. ¿Qué está pasando cuando aumenta la desconfianza hacia esas mismas instituciones, cuando la descalificación sustituye al debate y cuando el adversario político deja de ser un rival para convertirse en un enemigo?
En ese contexto se enmarca también la judicialización de la política y la politización de la justicia. El caso que afecta a Begoña Gómez es un ejemplo de hasta qué punto determinadas decisiones judiciales adquieren una enorme dimensión política. Resulta legítimo analizar críticamente las resoluciones judiciales, en especial cuando generan controversia jurídica o institucional. Retirarle el pasaporte a la esposa del presidente del Gobierno y prohibirle salir del país mientras espera juicio es inaudito, descabellado. El propio auto apunta la posibilidad de que los equipos de seguridad del Estado pudieran facilitar una eventual fuga. Por eso habría que revisar las decisiones judiciales de este juez, que, más que justicia, parece transmitir odio.
Otro magistrado decidirá si autoriza el desplazamiento solicitado por Begoña Gómez para acompañar a su marido a la cumbre de la OTAN y asistir a un acto familiar en Londres. La Fiscalía considera que el viaje puede autorizarse bajo las garantías existentes. El debate jurídico debe resolverse en los tribunales, no en las tertulias ni en las redes sociales. Lo inquietante es el clima político que convierte cualquier decisión institucional en un episodio más de una confrontación permanente.
El deterioro democrático se produce cuando la ciudadanía deja de confiar en las reglas comunes, la polarización hace imposible cualquier consenso y la memoria histórica desaparece del espacio público.
El desconocimiento del pasado impide reconocer los mecanismos mediante los que se degradan las instituciones. Hay que hacer comprender por qué hubo una Guerra Civil, qué significó una dictadura de casi cuarenta años y cómo se recuperaron las libertades.