Opinión

El caducado castigo a Zaplana

Antes que nada, aclararé que nunca he entendido el concepto de prescripción del delito, porque nunca debería tardarse tanto en juzgar una fechoría para que la cosa termine “caducada”. Y en esa misma lógica, me parecer ahora completamente fuera de tiempo el castigo que está recibiendo Eduardo Zaplana, por mucho que la investigación de un caso de presunta corrupción resulte tan compleja. Cuando ya a los jóvenes de la Generación Z ese nombre ni les sonará, por mucho que en el cambio de siglo y milenio fuera un todopoderoso presidente de la Generalitat Valenciana y ministro de Trabajo, ¿a quién le importa a estas alturas si va a prisión un hombre enfermo de leucemia en edad de jubilación?

Las medidas disciplinarias para un dirigente político de su talla se tenían que haber tomado hace más de dos décadas, empezando por él mismo. Alguien con vergüenza habría dimitido motu proprio cuando se airearon aquellas célebres palabras de conversación telefónica suyas sobre que tenía que “hacerse rico”, ese era su objetivo. Nunca pronunció aquello de “estar en política para forrarse”, otra ‘perla’ que se le atribuyó erróneamente, pero que era de otro dirigente del PP, cómo no. La trayectoria de Zaplana no tiene desperdicio y abundan los motivos para que hubiera dejado la escena pública en aquellos tiempos: llegó al poder local en Benidorm de forma turbia, despilfarró millones y millones en obras faraónicas con pelotazos urbanísticos para amigos y, para guinda del pastel, se retiró con un millón de euros de sueldo anual en una compañía privatizada, Telefónica. Vaya currículo pagado con dinero de todos.

Pero dos décadas más tarde, ahora no viene a cuento encarcelarle cuando su salud pende de un hilo -aunque haya explotado su victimización para salir en libertad- y ya ha sufrido el escarnio público desde entonces más que de sobra. Justicia lenta no es justicia. No me voy a repetir, pero yo los delitos económicos los castigaría siempre empobreciendo al delincuente, no pinta nada entre rejas. Que devuelva el dinero conseguido ilícitamente con creces, con intereses, si se demuestra. Además, si finalmente quedara absuelto Zaplana, como ha ocurrido con otros, ¿quién lo resarciría? Pinta mal para él, después de que su testaferro haya reconocido los trapicheos en el juicio, pero luego haremos lo de siempre, ‘a la española’: si hay condena, en cuatro días en la calle con permisos, tercer grado, etcétera.

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