Crónica de una ruptura anunciada
Tentar a la suerte tiene estas cosas: a veces responde. La decisión del PSOE de romper con Som Ibi ha sentado como un mazazo en el grupo que lidera Aitana Gandia. El pulso lanzado por los cuatro concejales nacionalistas a Sergio Carrasco ha terminado en órdago… y parece que lo han perdido. Probablemente no esperaban que el alcalde, respaldado por su ejecutiva y por la asamblea local, optara por cortar por lo sano.
Porque si Som Ibi tenía intención real de dinamitar el acuerdo, las duras declaraciones y el vídeo en redes debían ir acompañados de hechos. No fue así. Las denuncias públicas, las quejas reiteradas y el “tirar de la manta” sonaban más a estrategia de presión que a voluntad de ruptura. Un nuevo capítulo de desgaste dentro del Pacte del Molí para forzar concesiones. Esta vez, sin embargo, la respuesta socialista no ha sido contemporizadora. Se ha activado su maquinaria y han dado el golpe en la mesa. Definitivo.
El desencuentro no es nuevo. Hace apenas unos meses ya se vivió una crisis similar, con el mismo guion: discrepancias aireadas en público y reproches cruzados sobre la gestión municipal. Entonces hubo acuerdo. Ahora no. Entre las diferencias de fondo, una especialmente sensible: la propuesta de aumentar el sueldo a los dos habilitados nacionales; secretaría e intervención. El PSOE se negó en redondo. Argumentan que, con más de treinta puestos pendientes de revisión, subir el salario a los que más cobran no es precisamente ejemplar.
Casualidad o no, el sueldo de estos puestos vuelve a convertirse en el caballo de batalla político. Ya lo fue en los estertores del gobierno de Rafael Serralta, cuando el hasta entonces cohesionado grupo municipal del PP saltó por los aires a pocos meses de las elecciones. Y lo ha vuelto a ser ahora, con la voladura del Pacte del Molí.
A apenas un año de las Municipales, el Ayuntamiento regresa al foco del debate público. Otra vez la política local convertida en espectáculo de desencuentros mientras los vecinos asisten, entre perplejos y cansados, a una historia que les suena demasiado. Ya ocurrió con el PP de Maite Parra y ADIi de Nicolás Martínez, PP y CDS… Las coaliciones, casi siempre, parecen tener fecha de caducidad.
El resultado es un Ayuntamiento fracturado, con demasiados frentes abiertos y demasiadas decisiones pendientes. Y un año por delante que promete ser cualquier cosa menos tranquilo. Porque cuando el cántaro se resquebraja tantas veces, al final no hace falta empujarlo: se rompe solo.