Quién no ha oído o leído últimamente a algún supuesto izquierdista que reconocía muy digno que con Franco había viviendas sociales accesibles, no como ahora. Vamos, que el caudillo nos daba lecciones de socialismo. Claro, caciques en cada pueblo incluidos. Y mira por dónde ahora, con el caso de Mari Carmen, esta anciana desahuciada vilmente después de siete décadas que se ha hecho famosa —por desgracia—, sale a relucir que solo ha sido víctima de ser mujer. Porque conviene no olvidar que con la dictadura, lo más adecuado era aspirar a ser ama de casa y quedarse en el hogar. Aunque ni eso, porque ahora ni ahí pueden estar, con estas leyes que nadie entiende, entre las antiguas y las modernas.
El detalle de que la vivienda estaba a nombre del padre y, en consecuencia, la madre no tenía derecho a nada (como Dios manda) me hace pensar también en todas esas mujeres empoderadas que protestan últimamente porque el feminismo se asocie a la izquierda. Se precian —seguramente con razón— de que ellas luchan igualmente por esta buena causa y nada tienen que ver con los postulados de esos partidos de rojos.
Pero, lo siento, la historia está ahí, no se puede borrar, y desde el sufragio universal y el voto femenino, hasta el resto de avances para acabar con la discriminación, siempre han sido los mismos quienes han tirado del carro. Radicales, los han llamado, con frecuencia, republicanas, nunca fueron monárquicos, que ni siquiera aceptaban la sucesión dinástica a sus hijas, en muchos casos.
De todas formas, a estas alturas, importa más lo que se vote hoy y en el futuro. Bienvenidos los dirigentes políticos que se sumen y respalden las iniciativas para borrar definitivamente cualquier vestigio de machismo, sean del signo que sean, pero hasta ahora los sectores conservadores de la sociedad nunca han empujado en ese sentido. Había infinidad de situaciones que, como el eslogan publicitario de una conocida marca de brandy, eran “cosa de hombres”.





