Opinión

Bulos en el país con más ascensores del mundo: la que se avecina

Que conste que pase lo que pase el 23 de julio en las elecciones generales, no viene el Apocalipsis. Como tampoco ha llegado el fin del mundo en ninguno de los anteriores comicios. Nuestra democracia será mejorable, pero está a prueba de agoreros. Las encuestas pueden irse un poco en una dirección u otra, aunque ya parece cantado que vamos a tener un Gobierno de PP-Vox y después de algunos lamentos en la izquierda en las primeras horas, la rutina volverá hasta dentro de cuatro años. ¿Todo igual? No, mucho más tranquilo ahora. De repente, dejaremos de oír hablar de okupas que se meten en tu casa mientras vas a por tabaco, de MENAS que cobran más que tu abuela, de inmigrantes que viven en hoteles de cinco estrellas a cuenta del erario público…

Eran todo mentiras podridas (en el sentido más estricto de la putrefacción, por el olor y la intencionalidad de quienes llevan meses martilleándonos con esa cantinela) y ya han cumplido su objetivo: engañar al electorado y hacerle recapacitar porque se equivocó hace cuatro años al votar. ¿Alguien se acuerda ahora del PER, aquel chollazo que tenía media Andalucía para cobrar el paro agrario, inventarse peonadas y vivir del cuento? Cuántas páginas ocupó el asunto… hasta que el PP llegó al poder. ¿Ha suprimido el presidente Bonilla aquella normativa clientelista para comprar votos, aquel chiringuito de proletarios rojos y gentuza aprovechada y vividora, en general, tal como lo retrataba la derecha española y muchos nacionalistas catalanes, como Duran i Lleida? Pues no, me temo que no. Aunque algún medio de comunicación ya sacó en su día las cifras y el subsidio o «paguita» resulta que beneficiaba a un porcentaje ridículo de la población, sobre el 2% del censo y con 400 y pico euros al mes la vida no da para muchas alegrías. Y qué importaba eso. ¿Les preocupaba también a sus detractores que en la mayoría de los casos, los beneficiarios no tenían ninguna opción de trabajar en sus pueblos, donde han visto los polígonos industriales en las películas?

Pues ahora, a escala nacional, ha pasado algo parecido con ese bombardeo de bulos sobre la okupación de viviendas (cuyas estadísticas llevan años sin variar gran cosa, con predominio de usurpaciones de pisos vacíos propiedad de bancos que los embargaron y no pagan ni los gastos de comunidad), acerca del paraíso en el que viven los extranjeros pobres que, en realidad, están nivelando nuestra balanza demográfica y aumentando la población activa hasta las cifras récords de afiliación, o también con los menores no acompañados que son mayoritariamente españoles y que no perciben ayudas, sólo su manutención y cuidado. Faltaría más.

Aunque a fin de cuentas, esa campaña infame de bulos no influirá tanto en el próximo resultado electoral, porque hay otro factor arrastrado que viene de largo y marca un antes y un después. Somos el país del mundo con más ascensores. Parece una chorrada, pero por cada mil habitantes, tenemos 19 de estos elevadores o montacargas de personas. Simplemente, eso refleja que a los españoles nos priva vivir en comunidad, encontrarnos a otros seres humanos en la escalera, oír sus televisores por la ventana en verano, sus discusiones familiares… en definitiva, tenemos muy desarrollado el instinto gregario, la convivencia cercana.

Y cuando alguien, en cambio, prefiere vivir en una casa rodeada de jardín, eso quiere decir que es burgués, «casta», rico y, en consecuencia, no puede ser de izquierdas. Da igual que aquí al lado, en Francia, o en el resto de Europa y medio mundo, mucha más gente de cualquier poder adquisitivo y condición tenga su hogar en viviendas unifamiliares, que nadie llama ostentosamente «chalé» ni mucho menos «casoplón» como el de Pablo Iglesias. Pero, claro, eso claramente destapó al impostor, que pregonaba la igualdad mientras él se encaramaba a la cúspide de la pirámide social, como un millonario más. Si en lugar de eso, se hubiera instalado de alquiler en un piso de 70 metros en Madrid y le costara al mes casi lo mismo que su letra de hipoteca por su «mansión» de Galapagar, ya sería otro cantar, pura coherencia de izquierdas, porque las apariencias son lo importante. El desenlace ya se avecina, Podemos va a pagar aquel chalé en las urnas, como viene haciendo desde entonces, y arrastrará a Pedro Sánchez en su caída. Bueno, en realidad él prefería gobernar con Ciudadanos.

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