Aficionados a la política de por vida
Me gusta creer que entre nuestros políticos predominan personas con el afán honesto y sincero de mejorar la vida de la mayoría, no simplemente con cuestiones materiales, sino con unas miras más amplias que abarquen servicios públicos suficientes y unas normas de convivencia que contribuyan a la igualdad. Aunque de forma modesta, individualmente cada diputado, concejal… debe tener esa ambición de arreglar un poquito, una “miejita”, el mundo. Y esa misión tan loable conviene que sea temporal, no me parece realista pensar que ningún ser humano mantenga el nivel de atención, creatividad y frescura para aportar ideas útiles durante muchos años.
En definitiva, el paso por la política profesional, vivir de un cargo público, debe ser temporal. Otra cosa es el activismo en un partido o como simpatizante y seguidor de una ideología. Eso sí que merece una dedicación de por vida. En mayor o menor medida, todos deberíamos ejercer como aficionados a la política, en el sentido de amateurismo, de no vivir de ello, sino hacerlo por convicciones. Por eso aplaudo que Yolanda Díaz anuncie que se retira de la primera línea de la política, como antes hizo su mentor (arrepentido) Pablo Iglesias, o Alberto Garzón, o Antonio Gutiérrez, Gerardo Iglesias… ¿Casualidad, todos de la misma cuerda? Es más, en las filas de sus partidos deberían seguir el ejemplo otros muchos por coherencia, porque la izquierda se caracteriza por una esencia asamblearia, que quiere decir votarlo todo y también confiar en el equipo. Todos son prescindibles y tiene que haber banquillo preparado para salir al terreno de juego en cualquier momento.
Qué contraste con los dos partidos mayoritarios, la vieja política, donde hay caras más que vistas durante décadas. En cambio, ¿cuántas quedan en el escaparate mediático de aquel movimiento heredero del espíritu del 15M, en Podemos y Sumar? En tres lustros, muchos de aquellos protagonistas han vuelto a sus trabajos anteriores —caso del científico del CSIC Pablo Echenique— o se han reinventado como comunicadores de televisión por Internet o abriendo una taberna (el propio Iglesias).
Basta con echar un ojo a la bancada del Senado para saber qué ha sido de buena parte de las “viejas glorias” del PP y el PSOE. Bipartidismo de profesionales de la política. Por mucho que el bocazas Miguel Tellado intente ofender con que los aplausos a la líder de Sumar en el Congreso esta semana eran de “despedida”. Pues claro, si ella misma está diciendo que se marcha, ¿de qué van a ser los aplausos? Tanto ella como Iglesias han dado ese paso de retirarse siendo vicepresidentes del Gobierno y diputados nacionales. ¿Seguro que no les hubiera resultado más fácil buscar reacomodo? Por ejemplo, aferrarse a la lógica de la partitocracia y blindarse en las listas electorales para seguir cobrando del erario públicos unos años más.
Ambos se llevan en su ‘talega’ el orgullo de haber subido el salario mínimo como nunca antes, de haber amarrado un incremento de las pensiones ligado al coste de la vida y no a limosnas, de haber reducido el paro y encajado los contratos fijos discontinuos en una contrarreforma laboral indispensable, o de haber sembrado la semilla de la reducción de la jornada laboral (cuestión de tiempo que llegue). Y lástima que hayan errado —en mi opinión— en sus recetas para intentar dar acceso a la vivienda como derecho básico, donde está la verdadera revolución pendiente, hoy en día.