Sí que se han convertido en un problema. Por mucho que desde la izquierda “tertuliana” en los debates televisivos y los influencers progresistas se empeñen en que esto sólo responde a una campaña reaccionaria del PP, con Feijóo y algunos dirigentes patronales a la cabeza, el absentismo laboral y las bajas dudosas requieren medidas contundentes. La misma lógica inamovible de que si al ser humano le das a elegir entre trabajar o cobrar una paga, en general y si estamos hablando de cantidades similares, muchos se decantarán por la segunda opción, cuando algunos empleados sopesan la posibilidad de echarle cuento y estar “medio enfermo” en vez de seguir en el tajo, por el mismo dinero, se buscan una baja. ¿Triste? Sin duda. ¿Sin proyección de futuro? También, pero cuando hablamos de trabajos no vocacionales, donde la persona únicamente tiene la motivación de pagar sus facturas y sobrevivir, cualquier resquicio legal para escaquearse se presenta como una vía de escape atractiva.
Estadísticas aparte, que obviamente distan mucho de la visión apocalíptica de los populares, esa de que prácticamente la economía española se encuentra al borde del colapso lastrada por unas plantillas diezmadas, basta con que cualquiera de nosotros mire a su alrededor para encontrarse algún caso -si no varios- de gente que lleva meses en el dique seco sin razones muy claras. Ojo, también hay otros que piden el alta sin que el médico se la dé, sólo por precaución y protocolos sanitarios de prevención. El argumento sólido de muchos opinadores de izquierdas de que precisamente la última palabra la tiene el facultativo, de que hace falta un certificado médico, no se sostiene del todo. ¿A quién le niegan ese ‘salvoconducto’ si asegura sufrir una depresión? ¿Cómo se mide esa ansiedad? ¿Y las cervicales? Esas que siempre le duelen al caradura que quiere estafar al seguro en un accidente de tráfico… ¿O la indetectable con pruebas diagnósticas fibromialgia? La Medicina es una ciencia, sin duda, aunque su exactitud tiene aún ciertas lagunas que aprovechan los jetas de turno.
El porcentaje de trabajadores de baja en cualquier empresa es más o menos directamente proporcional al tamaño de esa estructura. En cualquier caso, una sangría creciente que hay que parar. Aunque me repita, insistiré de nuevo en que se debe implantar una especie de “terapia” obligatoria de ocho horas diarias para curar a quien esté de baja. Ya sea en el fisio, el psicólogo… incluso el reposo, tiene que estar supervisado en el mismo horario laboral del trabajador y como una obligación. Al fin y al cabo, si el objetivo prioritario debe apuntar a la recuperación del enfermo, qué mejor receta que hacerle seguimiento a rajatabla. Los honrados que estén de baja justificadamente, se beneficiarán de un tratamiento más intensivo, y los vividores que le estén echando cuento, deberán cumplir jornada igual que en su puesto. Y, por supuesto, esos salarios de emergencia por enfermedad debería abonarlos la Administración, no la empresa, que ya tiene bastante con buscar sustituto (excepto si el problemas de salud lo ocasionó el incumplimiento de la normas de prevención de riesgos laborales). De tribunales y de ‘lawfare’ ya habrá tiempo de hablar en otra columna, que ya empieza a dejar de ser noticia, sino casi la norma, ver cómo los jueces hacen piruetas jurídicas para arrimar el ascua a su sardina. La de siempre.



