En Ceuta, ¿todos ‘cristianos’?

Que conste que el titular de este artículo no va de religiones, sino que se refiere a un juego de palabras con nuestras estimadas fiestas de Moros y Cristianos. Por encima del ruido mediático lógico y previsible que rodea a la crisis de Ceuta, si uno se para a pensar, en el fondo se trata de eso: ¿puede esta ciudad (y Melilla) albergar solamente a habitantes blancos españoles europeos, nada de árabes africanos? A mí me parece que no. Un enclave minúsculo “incrustado” en el territorio de un país como Marruecos, casi tan extenso y poblado como España (con unos 38 millones de habitantes y 445.000 kilómetros cuadrados de superficie), difícilmente puede “preservarse” como puramente de la UE sin un componente sustancial del Sur.

Su censo ya los deja en evidencia: prácticamente hay la misma proporción de unos como de otros y basta con repasar imágenes de televisión anteriores a esa avalancha demencial de inmigrantes para percibir que sus rasgos y esencias raciales ceutíes asimilan esta ciudad con cualquier otra del país vecino.

Y, sin embargo, Vox y PP no se han salido del guión previsto: aprovechar el disparate azuzado o tolerado desde la dictadura de Mohamed VI para hacer campaña electoral al grito de la “invasión de España”. La patética “Armada (civil) de la Solidaridad” se merecería un hueco en el Cirque du Soleil, por su talento para las payasadas. Sin contar con José María Aznar, que nunca defrauda: en ocho años de presidente no visitó Ceuta y ahora acude presuroso para salvarla de los infieles. Para que no pierda “gas” la campaña propagandística de los salvapatrias, se han desplegado concentraciones en ayuntamientos de toda la Península Ibérica. Cómo no. La “nueva Venezuela”, no hay que perder tiempo…

Lo siento mucho por los ceutíes y los melillenses, pero su tierra representa un vestigio del colonialismo. Y eso, a fin de cuentas, no deja de ser una suerte de “chulería” (sin ánimo de ofender). Igual que Gibraltar se mantiene como anacronismo irracional justificado con milongas de tratados históricos y batallas pretéritas, los españoles conservamos esas dos urbes casi condenadas a derivar en sendos polvorines sociales. La tensión entre los miserables que huyen de su pobreza y los supuestamente bien acomodados del Norte va a ir a más, con toda seguridad. Porque a ojos de los marroquíes, la presencia española artificial allí se percibe y percibirá como una provocación.

Si, además, se añade que el desastre humanitario ahora le venía bien a los gobernantes de Israel y Estados Unidos para causar una crisis al díscolo Perro Sanxe, que les ha plantado cara en sus desmanes de política genocida, pues ya tenemos todo el cóctel explosivo preparado. Al sanguinario Trump le faltó tiempo para alertar al electorado con que si votaban demócrata les pasaría como a España. Y las sospechas sobre el matarife de Gaza parecen fundadas. No perdona.

Aparte de este capítulo, que probablemente no será el último, la realidad de Ceuta (y Melilla, en su caso, con más presencia de bereberes), se sustenta en una economía forzada: el principal modo de vida de sus moradores es el sector público, seguido de los servicios (a sí mismos, claro) y algo de tráfico portuario, por su situación estratégica y por un régimen fiscal favorecido. En resumen, muchos funcionarios y algo de comercio. Por supuesto que son tan españoles como nosotros, pero vivir enclaustrados en este rincón africano (geográficamente) no tiene mucha lógica. Y cada vez que un retorcido xenófobo difunda el bulo de que la frontera con España-Europa está abierta, volverán a venir por miles en éxodo desesperado. ¿Quién se cree que una monarquía feudal autoritaria como la marroquí, que apenas deja respirar a sus súbditos, permite este tipo de estampidas? No es ningún accidente ni suceso casual.

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