Ahora toca cine de espías

A ver si pasamos ya el trámite de la alternancia en el poder y nos dejan en paz con tantas milongas para derrocar al Gobierno social comunista filoetarra etc, etc. Después de Venezuela ha llegado Marruecos y ahora la cosa se ha puesto casi cinematográfica con el espionaje. Lo que sea para persuadirnos de que votemos bien en las próximas elecciones generales. Ese informe policial que no se transmitió al Ministerio correspondiente, pero sí que se ha filtrado convenientemente al medio de comunicación de Pedro J., qué casualidad, para desacreditar una vez más a la banda de Perro Sanxe. Que tampoco necesita mucho para desacreditarse sola, dicho sea de paso, porque tardar un mes en reaccionar ante la avalancha migrante en Ceuta

Algunos izquierdistas acuñaron hace décadas un término utópico, la «revolución permanente», algo así como una rutina de avances y progresismo sostenido, en el día a día, una conducta autoimpuesta para perseverar y alcanzar conquistas sociales. Me temo que aquel anhelo se aleja cada vez más del sentir mayoritario y, en su lugar, vivimos más bien en la «campaña electoral permanente», un lavado de cerebro sistemático y sostenido con bulos durante cuatro años hasta la nueva cita con las urnas. Además, insultando a la inteligencia de la población con mensajes contradictorios: al fin y al cabo, ¿quién tiene memoria de lo que nos dijeron anteayer? Quien pueda hacer, que haga, como arengó Aznar. Durante la pandemia, el confinamiento representaba un atentado a nuestra libertad propio de un Gobierno medio soviético, aunque morían miles de personas al día. El Tribunal Constitucional así lo sentenció tras una denuncia de afines a Vox. En cambio, ahora el PP exige al Ejecutivo de Sánchez el confinamiento en Ceuta incluso para quienes sufran de gastroenteritis. No vaya a ser qué… Que esa chusma trae todo tipo de enfermedades, ya se sabe.

Y cómo no escandalizarse de que Marruecos espíe a dirigentes españoles, cuando seguro que nuestro CNI nunca ha echado un ojo al otro lado del Estrecho. Ni la CIA nos ha vigilado, o la «inteligencia» israelí. O aunque lo hiciera, esos son los buenos de la película, gentes de bien que únicamente se «defienden» de los palestinos y otras gentuzas peligrosas y bárbaras. Desde cuándo podríamos dudar de los informes policiales, cuando -por ejemplo- Ayuso contrata a un oficial de la Guardia Civil especializado en investigaciones profundas o un máximo responsable de la Policía Nacional se jacta en una comida con el comisario Villarejo y el ¿periodista? Ferreras de que él te fabrica un informe con sello oficial de una cuenta bancaria en un paraíso fiscal «con la punta de la p…». Estoy esperando alguna protesta o exigencia de explicaciones de sindicatos o representantes de los agentes. Esos que ponen el grito en el cielo -con razón- cuando se cuestiona la honestidad del gremio. Con tantos investigadores honrados en comisarías y cuarteles, yo no toleraría que caraduras ensuciaran así el buen nombre de mi profesión. Aunque, claro, cuando vemos lo rápido que identifican y paran los pies a un manifestante (uno solo) que insultó a Aznar en su visita a Ceuta, mientras llevamos meses viendo a decenas de fulanos a los que les gusta la fruta con Sánchez, delante de agentes uniformados que los custodian sin mover un dedo.

Cistella de la compra
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