Nos encontramos inmersos nada menos que en la era de la Inteligencia Artificial, las máquinas pueden ya sustituir a los humanos en casi todas las tareas imaginables y, a pesar de este progreso sin parangón en la Historia, todavía pueden ocurrir accidentes catastróficos y dramáticos como el choque de trenes en Urda. Paradojas de la tecnología, cuando paso a pie junto una tienda de barrio cualquiera, mi teléfono me pregunta si quiero opinar sobre este comercio porque estoy “geolocalizado” (voluntariamente, pero si digo que no la mitad de las aplicaciones del móvil no funcionan…) y, en definitiva, se me espía las 24 horas para que consuma algo. En cambio, todo un tren con varios vagones, una mole de metal y plástico de gran tonelaje, no puede ser monitorizado para detectar que hay otro convoy en la misma línea con suficiente antelación para evitar la colisión. En mi modesta opinión de profano, creo que resulta inexplicable.
En general, soy partidario de no dejar toda la seguridad en manos de sistemas automatizados, me parece más prudente combinar la intervención humana con las máquinas, pero en cuestiones como el tráfico ferroviario, aéreo… en las que hay vidas en juego, deberían extremarse los controles y que haya un plan B, un plan C y los que hagan falta para llegar al riesgo cero.
Por supuesto, en el ámbito político el “guion” previsible se ha cumplido a rajatabla. Eso sí funciona de forma automática: el ministro de Transportes, Óscar Puente, tiene que dimitir sí o sí. Además, por reincidente, añadiría yo (irónicamente): si hace unos meses descubrimos que no revisaba personalmente las soldaduras de las vías, como quedó patente en el otro drama sufrido en Adamuz, ahora nos hemos enterado de que el sistema de seguridad o control del tránsito por las vías data de los años 70, según cuentan algunos medios de comunicación. Directamente al paredón al amanecer, ya está bien de contemplaciones. Por cierto, ¿hace medio siglo había recursos informáticos y tecnología para guiar los trenes de Alta Velocidad, que ni existían? Si es así, aplicando la lógica habría que defenestrar aunque sea con carácter retroactivo a casi todos los exministros del ramo en los anterior gobiernos democráticos, salvando sólo al de la UCD, por aquello de que el sistema todavía no estaba obsoleto.
Para darle más “realismo” al discurso contra el Gobierno, se ha echado mano del presidente de los ingenieros de caminos, José Trigueros, quien ha responsabilizado con conocimiento de causa al socialista Óscar Puente por dejadez en el mantenimiento, con esta tecnología caducada.
Tal vez cuando ocupó varios altos cargos ministeriales durante el mandato del PP podría haber subsanado estas deficiencias imperdonables. Parece ser que se le ha “despertado” ahora el sentido común para ilustrarnos a todos acerca de cómo se tienen que gestionar los trenes. Además, con las elecciones cerca, suele ocurrir que nos acordamos mejor de lo mal que lo hacen los partidos políticos, sobre todo, los que no son de nuestra cuerda.





