Ceuta, ciudad tres veces milenaria, enclavada en el norte de África y bañada por el Mediterráneo, es una de las diecisiete comunidades autónomas del Estado español. Pertenece al Reino de España desde 1640, cuenta con algo más de 84.000 habitantes, siendo la comunidad autónoma con menor población del país. Un lugar con historia, con identidad… y ahora también con visita guiada de José María Aznar.
Ya podemos estar tranquilos los españoles. Ante la crisis humanitaria en Ceuta, Aznar, el señor de las “armas de destrucción masiva”, el señor de la guerra, ha decidido presentarse allí en persona. ¿Para salvar la hegemonía nacional o la integración territorial? Claro que no. No nos engañemos: ha ido a hacer oposición al Gobierno de Pedro Sánchez, que es lo único que le quita el sueño desde hace años.
Su objetivo, como siempre, es “hacer lo que pueda” para derrocar a un gobierno que, para él y su partido, es ilegítimo desde el minuto uno. Aunque hayan intentado disfrazar la visita de acto institucional —palabras mayores para quienes ni conocen ni respetan lo institucional—, esto ha sido simplemente una excursión propagandística para defender los postulados ultraderechistas de FAES, ignorando los derechos humanos y los compromisos internacionales de España.
Aznar llegó, posó, salió en los noticiarios, en la prensa afín y en las redes sociales. Foto hecha, titular conseguido. ¿Soluciones? Ni una. Pero eso nunca fue el propósito.
Lo que realmente no soportan Aznar y su partido es que, con Pedro Sánchez en el Gobierno, la economía española crezca de forma continuada desde 2023, convirtiéndose en el motor económico de la eurozona, que en este periodo el paro haya bajado de forma sostenida hasta situarse por debajo del 10 %. Que España haya recibido unos 163.000 millones de euros de los Fondos Next Generation. Una lluvia de euros que les ha provocado más urticaria que alegría. Si para impedirlo había que desprestigiar a España, lo hicieron. Si había que denunciar ante el Parlamento Europeo, también. Aunque los informes favorables de la Unión Europea les hayan ido desmontando las acusaciones una por una, ellos han llegado incluso a calificar la distribución de fondos de “chapuzas contables”.
Porque claro, es difícil asumir que, ante semejante cantidad de dinero, “los Rato y los Montoro” —que no fueron chapuceros, sino ladrones VIP— no hayan podido meter la mano en la caja ni diseñar una distribución de fondos que beneficiara a sus amigos. Esa es, en mi opinión, la única verdad y el único motor de una oposición tan desleal como nunca se había visto en democracia.
Desde que no gobiernan, no hay tregua. Les sube la bilis desde las entrañas cada vez que respiran.



