No es cuestión de darle la mano al papa
Ustedes perdonen mi ignorancia, pero el aire de las visitas papales a España apesta. Los obispos españoles han repartido un dosier entre empresas, fundaciones e inversores para financiar el viaje de León XIV a España. Esa es su fastuosa medida para cubrir los gastos del viaje del Papa, ya que ni los donativos de los fieles ni las aportaciones de las parroquias o las diócesis son suficientes para financiar el primer viaje del Papa León XIV a España.
Por eso, la Conferencia Episcopal Española invita a realizar donaciones para sufragar los costes de los preparativos, especificando las grandes ventajas en función del nivel de colaboración. Todo parece estar bien calibrado, y no lo dudamos, pues la mente lúcida de los obispos españoles es brillante.
Se han establecido cinco niveles de colaboración con sus correspondientes beneficios, según la cantidad aportada. Así, existe el nivel VIP, como gran benefactor, para quienes donen entre 500.000 y 1.000.000 de euros. Estos pueden tener un encuentro personal con el Papa. También tendrán derecho a un espacio para el uso del logo de la visita por parte de la empresa y a que el logo de la empresa figure en la web de la Iglesia (conelpapa.es) y en las publicaciones oficiales.
El segundo nivel es el denominado benefactor, para quienes donen entre 250.000 y 500.000 euros. Estos no tendrán encuentro privado con el Papa, aunque sí contarán con asiento en una audiencia con los benefactores.
Después están quienes donen entre 50.000 y 250.000 euros, ya sin audiencia papal; quienes aporten 10.000 euros; y, por último, los “amigos”, con donaciones de 1.000 euros, que recibirán un certificado oficial de reconocimiento.
Las donaciones pueden ser también en especie: transporte, baños, vallas, pantallas, escenarios, tribunas de prensa, lectores QR, walkie-talkies, arcos de seguridad, servicios jurídicos, cartelería, misales o necesidades textiles para la uniformidad de voluntarios, coro y orquesta.
Y es que el viaje del Papa no recibe financiación del Estado, salvo en lo relativo a las medidas de seguridad, que ya es bastante. Estas donaciones se solicitan allí donde el Papa realiza una visita.
No es cuestión de poder darle la mano al Papa: dinerito, dinerito, que el Vaticano es pobre y no tiene cómo sufragar los gastos del pontífice.
En la Iglesia católica no hay resquicio para la desesperanza; cuando se renuncia a la esperanza, se sigue confiando en ella. En la curia no hay lugar para estancias sumidas en la oscuridad. Cuando hay necesidad de medios económicos, no se venden cuadros, reliquias valiosísimas o joyas. Su bosque siempre permanece colorido y frondoso.
Vamos, que no es cuestión de darle la mano al Papa, sino de aportar el vil metal.